lunes, 18 de enero de 2010

cuando pasan los dos colores
de un conejito saltando en el patio
pienso, como no podría ser de otra forma,
en un árbol cayendo en el bosque, sin dejar rastro,
y en los carpinteros que podrían trabajar el tronco
para crear, hermosos, el ataúd en el que nos van a meter
después de esa muerte, rara.

1 comentarios:

María dijo...

Me gustó tu poema.

Pero no puedo decirlo bien porque lucho contra el enojo de tu película coreana. Me hizo sentir horrible y ahora me tengo que sacar lo horrible como un bicho de mis entrañas. Y tiene dientes y me corroe el cerebro.

Yo pensé que lo peor era el pulpo vivo pero no. PERO NO.
Lo peor está siempre adentro de uno.

 

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