lunes 8 de febrero de 2010

¿Ves? Pensar malamente...

Ya que estás en mi cabeza ahora, te cuento: vos decías que ellas querían ser salvadas. Yo también quiero eso.

domingo 7 de febrero de 2010

-Si fueras la última persona en el mundo -dijo-, no te mataría.
Ella sonrió, algo aliviada. Entonces él agregó:
-Ojalá quede otra, así te mato.

viernes 5 de febrero de 2010

Un poema de Bataille dice algo así como que el no-amor es la verdad, o una idea muy parecida, o San Inconsciente me lo deforma en esa dirección. Ahora lo entiendo mejor: el amor no quiere la verdad, aunque la exija, el amor quiere sobrevivir.

viernes 29 de enero de 2010

Frenesí

La calle no es más que un lugar donde las ratas ponen huevos y mi encierro es tal que ni gatear puedo sin rasparme la espalda. A la creciente que supone en el río de la parca cada noche de placer sin prevención en fecha equis o una violación -¿quién sabe a qué, por quién, por dónde, oh, ¿tanto así?, de día, noche, con o sin orden de juez pertinente?- se le debería agregar una represa: seamos inmortales. No distinguir ya guantes de zapatos: seamos cuadrúpedos artistas y amorosos, de la indecencia. Plural de la soledad: manifiesto de mí mismo. Contorsionista del desastre: aprendí en la escuela a pisarme mi propia cabeza, ya no pude ayudar al caído y seguí de largo: los dictadores dicen que la historia los absolverá. Calma, calma.

miércoles 20 de enero de 2010

para concluir, nunca
apilamos mi nariz con tu olor

por convención, mi mano aplastó un poco tu espalda vestida
y por convención, tu cachete recibía besos
todos los días nos saludábamos, es decir

yo en realidad quería mucho pero no lo dije o sí lo olvidé y
a lo mejor te lo dijeron (lo sabían tantos
que sería raro que todas esas bocotas hubieran permanecido cerradas),
para empezar

venía de mal de amores y justo apareció el anzuelo
con el que tu nombre me clavaba y no pensaba en otra cosa, sobre todo

como no me animaba a decirte sobre mis ganas
me puse a escribir con ganas y ahí empezó todo
aunque no con vos, aunque siguieras en el aula,
me acuerdo qué terrible cuando nos tocó la 101, porque

yo pensaba que ahí estaba aquello a lo que yo más temía,
que Orwell era diseñador de clases de Lengua Española
y me imaginaba obligado a cualquier cosa
después vi la película y la actriz principal me gustó más,
entonces

ahora miro todo desde lejos. Cuando estás por cumplir 21 años
decir 3 es decir un séptimo y justo fue en 2007 cuando
te ocupó un amigo, como ahora, pero ya no duele, desconectado

siempre que te veo me acuerdo de todo eso
y qué lindo, me gusta acordarme. Nunca pasó nada.

martes 19 de enero de 2010

De oficina

No estoy acá por mis capacidades,
ésto no involucra ni la cabeza ni el cuerpo brillando,
solamente hay que estar acá y no en otro lugar,
es la negación de los demás lugares, para mí.
"Entre siniestro y siniestro se me va la vida",
decía Victoria, yo pierdo solamente enero.

Llega un sobre con actividades. Se hace tarde. Empiezo a hacer lo primero: guardar los despachos en una carpeta. Doblo una hoja a la mitad en sentido vertical, marco, hago dos huequitos con una máquina, abrocho con otra máquina, y archivo en la carpeta que dice Despachos, controlando que esté en la parte que viene. Se hace tarde. Obligaciones. Repasar obligaciones. Llega un par sellado. ¿Cuándo envié esto? Controlo. Fechas. Arranco las enviadas, que no sirven de borrador para imprimir cotizaciones, y las tiro a la basura. Doblo a la mitad en sentido vertical, marco, y con una máquina hago dos huequitos. Archivar en Obligaciones recibidas, carpeta... bueno, ya me fijo. Se hace muy tarde. Decido tomarme un segundo. Me cargo una bomba atómica en el hombro e intimo al reloj: "O te quedás quieto una hora, o los dos nos vamos". No pasa nada. Tengo que seguir. Mensaje del jefe: "Tenéme a mano todos los veinte mil recibos que vencen antes de fin de mes". Pienso: "¿De qué mes? Todos terminan". Pierdo segundos haciéndome el gracioso, sabiendo que él también sabe que los meses terminan. Reitero la amenaza al reloj. Nada. Seguir. Cierro los ojos y corto los recibos como si fuera un robot. Ya tendrán tiempo para pensar los demás, a mí se me hace tarde. Listo. Treinta metros de papelitos que van a recibir los clientes-asegurados a cambio de un dinero que creen conveniente y, sobre todo, la empresa cree más conveniente, pero dice que su mayor virtud son sus asegurados. Pessoa decía del Diablo "ese vicio es mi virtud", como si importara en la oficina. Llama el jefe: "¿Está en fecha Ipohorsky?". Contesto: "No". Tengo ganas de que se muera para ver qué pasa. Ese apellido y esa póliza tienen que servir para algo. Llegan papeles. "Armá las pólizas, dejá la parte del productor junto con los talonarios y metelos en la carpeta de automotores, cortá la primera cuota y el carnet, metelos en una bolsita junto con las hojas que no pusiste en la carpeta y meté eso en una bolsa más grande". Genial, ahora la muerte ya no es la nada para uno o un par de infelices, ahora muerte equivale a dinero que no revive a nadie. A la empresa le convendría poder revivir a los muertos para seguirles cobrando y seguir haciendo que su virtud, los asegurados, siga creciendo. Se hace tarde. Se hace siempre tarde. No me pagan el tiempo extra que me quedo acá. Voy a dejar cosas para mañana. Procastinación. Me gustaría poder desquitarme, pero estoy acá recomendado por un amigo. El lazo que nos une es el que me ahorca esta mañana. Ganó el reloj.

lunes 18 de enero de 2010

cuando pasan los dos colores
de un conejito saltando en el patio
pienso, como no podría ser de otra forma,
en un árbol cayendo en el bosque, sin dejar rastro,
y en los carpinteros que podrían trabajar el tronco
para crear, hermosos, el ataúd en el que nos van a meter
después de esa muerte, rara.

martes 12 de enero de 2010

-Las llaves son para entrar, ¿cierto?
-Me cuesta contradecirte. Al menos, para entrar sin romper ni trepar, cuando no tenés medios más amigables para ingresar a un sitio.
-En el trabajo siempre llega alguien antes que yo, entonces no las necesitaría. ¿Para qué me ofrecen un manojo entonces?
-Sirven también para salir y dejar resguardado algo.
-...cuando salgo, a veces estoy solo. Entonces tengo las llaves para irme. Para que todos se queden tranquilos cuando yo me vaya. En la oficina parecieran funcionar como una especie de testamento.

domingo 10 de enero de 2010

Quiero masturbarme y me sale un león verde por la rodilla. "¿Por cuál?", me preguntarás, lector, convencido de la vigencia de las ideologías. Te contesto con un abierto "No sé". La verdad es que nunca me fijé. En casos así, la orientación política así como la geográfica valen lo que un gramo de basura para un presidente.
Está bien, me sale por la rodilla izquierda, pero, insisto, mi accidente es más que la política, aunque la estiren hacia todos los países como una pasta mundial para pasarnos a todos por encima con un palo enorme.
En soledad me excito lejos del teléfono, alejado mejor dicho, y empiezo a mirar la melena, a sentir agujas que se me clavan cuando escapa de mí el felino trepando de mi alma-bajeza al cuerpo-trascendenteperecedero con las garras que, por suerte, a mí no me pueblan el final de los dedos. Aparece y no sé, no sabía hasta ahora, qué hacer.
En casa sentían rugidos y yo quería sexo, sexos, y los demás preguntaban; y... "Es la música, son unos bestias, están en frenesí, están vivos, en vivo, ¡ahh!", y me tapaba a mí mismo la boca, y controlaba que la peurta de la pieza estuviera cerrada, y qué habrán pensado.
Este gato me comía los idiomas quedándome sin saber cómo pedirle que se fuera, que me dejara en paz, señalarle que ya tenía edad suficiente como para encarar solo cualquier perversión, cualquier neurosis, o para buscarme a alguien, que ya me correspondía, que todos los leones de la masturbación habían pasado por mis manos (reía el león sabiendo qué era lo que yo tenía como metáfora), pero éste no se alejaba, no buscaba su África como yo mi --.
La bestia siempre miraba con hambre, amenazante, y cuánto, mi miembro ansioso, pero yo me masturbaba de todas maneras. Sabía que era esa la única escapatoria.
Ni bien mis semillas salían volando por las nubes, el animal volvía adentro, sacudiendo la cola claramente disconforme con la situación. Podía acostarme tranquilo.

sábado 9 de enero de 2010

Cuando todo da muestras de ser irracional
-usted se aleja sin dar motivos,
yo pateo mi tutearle
y piérdase en su cielo,
recuerde, empero,
todo eso de las caídas-
es cuando me como las uñas
por si a un desierto se le antoja
meterse ahí, abajo.
Te voy a romper la nariz de un sentimientazo así quedás fea.

jueves 7 de enero de 2010

Ya verás

Pensar la alegría sin tu pecho es como ponerme una corona de laureles picados y deshidratados. Mi olor cambia de todas formas.

Algo así

¿Qué será de mí, acostado?
(Lisandro Aristimuño)

Si no usás nada de mis sábanas, toda la cama para mí.

martes 5 de enero de 2010

la trichera de esta guerra es de papel. es un libro que no escribí. es un libro que no voy a escribir. esta guerra tiene tricheras de papel. soy un soldado que no ve más allá del papel. ¿los demás soldados ven más allá del papel? ¿puedo esconderme atrás del papel en esta guerra? ¿me voy a morir? ¿qué es un soldado?

lunes 4 de enero de 2010

Resumen de mi cabeza bífida, y un amigo que abrió panorama inesperado

Pido un kit de supervivencia o tregua filosófica llamada reducción de la libertad: ejercicio del encierro placentero: supresión del yo: entrega al devenir en momentos en que conviene.
¿Conviene? Si la única opción, sentido de la corriente, sentido mucho, lo siento desde afuera o desde un adentro que casi nunca conocí, si esa opción es la que me desborda, empujo las orillas a un lado y agrando mi cauce: felicidad de agua: todo se evapora: soy un río.
Nado adentro mío y me puedo ahogar, pero no. Nunca me ahogo. Me hundo por horas, me drogo, y salgo a flote. Locura alada, mi locura, dice Bataille, y se levanta.
Red, no me presentes nuevos aires que no sé respirar. Acepto remoción de aire, asifixia -de nuevo-, que otro lo/la use -de nuevo, he dicho. ¿Pero por qué no? Afuera soy un fantasma y acá parezco otra cosa. Acá yo no me veo. Los ojos se me dan vuelta y tengo recuerdos -del aire que acepto que la red me quite, por ejemplo; también me acuerdo de lo que no pasó, y bien podría tener tintes de mayor alcance. Tintas que escriban otro papel, un poema con alas como la locura del francés, jeringas que se/me/se me claven en otra carne en la que otra jeringa clavó un alma, que existe porque existe -fundamento suficiente para abrazarla junto al cuerpo abrazado. Tienen calor, yo tengo frío: fiebre ahí, bordeando los huesos: sostenes helados de mi rutina: tengo que padecer de amores porque la calma es otra cosa. Yo me perdí enero en un juego/prueba de alienación: no voy a saber qué pasa con lo que yo haga, ni me interesa, ni la paga que reciba como compensación del calor que desperdicie sobre una silla muy cómoda, tengo fiebre. La calma se fue de vacaciones, en enero, cuando yo me encerré sin placer, suprimí el yo más que al principio de ésto, y me condené a un devenir que termina en un pueblito de las sierras de Córdoba, leyendo al costado del río, que no soy yo, por donde pasaron autos que mataron a una persona y dejaron varios heridos. En Alpa Corral tiene que estar contenido el descanso. Quiero poder dormir sin atenuantes de la vida.

domingo 3 de enero de 2010

what makes eyes shine's
what eyes can make

sábado 2 de enero de 2010

...entonces te lo dedico
tengo angustia literaria de domingo al atardecer
resentimiento de lunes a la madrugada
resignación de almuerzo frío de martes de verano
incertidumbre de miércoles sin el teléfono de nadie
ansiedad de jueves, cuando ya la catástrofe tocó varias veces el timbre de casa
y frenesí de viernes de escape en inauguración de burdel

lástima que sea sábado

viernes 1 de enero de 2010

Me enojo porque tu olor queda demasiado lejos de mi nariz.

miércoles 30 de diciembre de 2009

Tan enamorados. Ni bien se veían, corrían uno hacia el otro a una velocidad que impresionaba. Cuando estaban a pocos metros frenaban de repente, y sus piernas, como tizas, se iban gastando, gastando... Para el tercer mes de la relación, cada uno había perdido la mitad de su estatura.

domingo 27 de diciembre de 2009

Todos lo veían, no por tener la intención de verlo, sino porque estaba a la vista, y todos abrían los ojos de vez en cuando entre cada jornada de parpados cosidos. Se preguntaban si siempre se habría comportado bien, y en este caso intentaba portarse mal, o si siempre lo había hecho mal, y tenía miedo de que su rutina sufriera cambios.
Hasta donde sé, mucho no le importaba ser visto. Podría preguntarle, pero eso te dejaría sin posibilidades de preguntarle sin que se irrite por contarlo todo más de una vez, es tan irascible, somos tan distintos...

domingo 20 de diciembre de 2009

Noche

Ganar la apuesta, ese lugar tan preciado por los puños ávidos de letras g mayúsculas al por mayor, quedaba a un costado y al otro del rincón, siempre con la pared negándose a darle la mano a la espalda.
"Lo haremos", pensaban todos, y caían de sus narices arrepentimientos (no era la primera vez) y ansiedades (ya había sido la primera vez alguna vez y ellos dale que dale, repetían).
El perro era lo único de la escena que no merecía ocupar espacio en la narración, todos sabemos que no entienden de metafísica y que nunca van a tener catástrofes judeocristianas ni mesías, salvo que los nombren así, ni mucho menos prestarle atención a algo que no sea una meada, pero, ay, de esa noche: los gatos se transformaron. Sería tan hermoso hablar de ellos, que hasta podría desplazar el centro de atención localizado en mi familia y ponerlo con pinzas al rojo vivo sobre la piel tan digna de los que comen ratas. No, la sagrada familia ahí estaba, dispuesta para mí.
"Quiero mi vaso", gritó un tío, el que nunca podía usar las cosas de los otros, a lo que mamá contestó "te lo hubieras traído, hoy te morís de sed en el viaje de regreso o, si no, nos arruinás la fiesta, y creo que sabés lo mal que nos harías si no te morís; traer tu vaso era cosa tuya". Asintió él. Algo pasó en sus manos.
"¿Cundo empiez l fiest en ést fiest?", preguntó un primito, seis años y meses de sobrevida, con parte del alfabeto caído al igual que algunos de sus dientes frontales. Sus padres, más tíos, eran pretenciosos y creían que si le enseñaban a expresarse con menos letras él podría cambiar el mundo, moverlo hacia la izquierda astronómicamente, y que no se saldría de órbita. Papá siempre les dijo que no se les ocurriera intentar, o él mismo iba a volver todo como estaba, para salvarnos del incendio de conciencias. Al nene nadie le prestó atención, y bien que hicieron. Les caía tan mal a todos, encima, ¡tan feo!, por cada diente que se le caía le crecían las clavículas más aterrorizantes. Quedaban en el pesebre solamente cuadrúpedos dispuestos a estrecharle un abrazo.
Llegó la comida con una sonrisa en el repulgue, y todos (los que podíamos usar cualquier vaso y el que se sacrificaría por el bien de todos los que podíamos t...) brindamos (uno como pudo, los demás a la manera corriente). Comeríamos convencidos de que los molares, esa noche, funcionarían de maravilla porque alguien desaparecería para que los festejos pudieran seguir para siempre. Era el enviado que por siglos y siglos habíamos estado esperando, y estaba dispuesto. Entonces apostamos. Queríamos saber quién era capaz de predecir por azar los cambios en el cielo. Luego de establecer posiciones, el dinero nos representaría durante todo el tiempo que durara la espera.
no vayas a tropezar con algún recuerdo mío y caerte de mi nuca, eh...

martes 15 de diciembre de 2009

cuando todos los poetas de la historia no son
sino apenas una lista interminable que no alcanza para nada
y todas las personas no poetas vivas y muertas
se vuelven por mi culpa o no un balde sin fondo que me tiene en el fondo
mirando hacia arriba
es cuando de verdad desearía convertirme en una piedra
que no sienta o sí sienta
que por lo menos sepa no esperar nada
o volverme un imbécil perfecto capaz de funcionar
sin que hasta la impresora me demuestre el asco que me siente
haciendo su mejor intento por electrocutarme
y cada cosa de la misma forma o de otra y con cualquier nombre haga lo mismo

viernes 11 de diciembre de 2009

y dejar de lado la vereda de la puerta de atrás*

y que te acaricie con fuerza un camión
o te raspe la sien algún proyectil
te cuente un secreto un cuchillo que ábretesesamo en tu vientre
etcétera

como una regadera que la hierba hace que vuelva a brotar
y ahora todo es campo ya

*los versos en cursiva pertenece a La vereda de la puerta de atrás, de Extremoduro
Mucho no importa:
Juramos nosotros con
Las iniciales del nombre/

que niega
la huella.

Al principio,
después nada

¡Krishnamurti, Krishnamurti!
Cae el telón
hasta la mitad.

Alguien todavía se asoma,
ya vendrá el tiempo de los aplausos
y los actores se quebrarán al medio
para devolver la ofensa.