jueves, 16 de abril de 2009

me gustaría dedicárselo a César Vallejo,
pero, la verdad, no sé...

Los dolores se me descoyunturan entre sí
de tantos que son
de tanto enterrarlos bajo historia y no bajo tierra
Se retuercen más que yo adentro mío
desde el desayuno a cualquier hora
hasta la cena del morir de los platos fuertes del día
Sacuden los números del reloj y
anuncian que da igual el orden
proclaman que lo importante son las agujas
que se pueden clavar
porque se puede clavar
No los entiendo
Duelcen en mí los dolores
como si quisieran hacer otra cosa

1 comentarios:

María dijo...

Vallejo estaría orgulloso.

[María aprieta su pañuelo de seda contra las lágrimas que se le escapan y huye corriendo de la vergüenza por su súbita debilidad]

Bueno, más allá de la escenita, me gustó tu poema. Especialmente el final. Para variar.

 

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