viernes, 1 de octubre de 2010

Todo lo que hicimos fue caminar boca abajo en un río llevando la almohada entre los dientes, mordiendo un sueño hasta que se hiciera realidad en tu cuerpo, o eso creíamos (nos contaron que te veías tan bien cuando no veías que te estaban viendo).
Y así cumplimos años, soplamos tarde la dinamita del festejo y la casa voló. Quisimos caminar sobre algo que se llamaba agujero. Hasta hoy no sé qué esperábamos entonces.
Este día tropieza con nosotros, se tira de espaldas encima nuestro a ver si lo sostenemos, cosa que no pasa. Dejamos que todo se vaya. Si la muerte está en alguna de las cartas del naipe, no merece la pena barajar. Nos queda el ajedrez, la ebriedad, las partes de la cara, para seguir apostando. Es el juego lo que no puede terminar mientras escribamos.

2 comentarios:

María dijo...

Ey! Esto quedaría muy bien contextualizado en mi librito sin aire. Le voy a acer fotocopias y voy a perseguir a la gente que conserva el pequeño artilugio hecho de páginas, para agregarle una nueva, tuya, pero también mía, porque se me entró por los ojos y se quedó a vivirme sobre la lengua.

Mmh, cuánto ritmo sofocante, a ver.. mh...

franco dijo...

Qué lindo. Ahora fantaseo con algún libro publicado junto contigo ^^

 

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