jueves, 8 de abril de 2010
sábado, 3 de abril de 2010
Las fechas están tan cerca que nadie podría construir un calendario tan enorme como para que no quepan en la mano de un recién nacido vivo, mientras que las carnes: al revés. Como repartidas para que no puedan ser recolectadas por nada ni nadie en el lapso de una sola vida, como una burla a toda la jaula de la inmanencia. Lo que duele es confundir por momentos esa distribución y pensar que el contacto es posible sólo si se abarca una franja temporal imposible de cubrir. Las manos se adhieren a los pies que desde atrás pisan la cabeza atada a los talones y dejan al cuerpo enroscado en la mayor indefensión, la del rostro que no puede esconderse.
Ezra Pound nos alertó sobre un "caso" que "no ofrece ningún adorno para la diadema de las musas". Veo en su insignificancia, en su incapacidad de decorar lo que ya es decorado, lo mismo que pasaría si siguiera empujando las palabras en este cuerpo. Quede así terminado.
martes, 23 de marzo de 2010
Llamaremos "rellegar tarde" a aquella situación generadora de nostalgia, la que antecede a éste desmoronamiento, caracterizada por el movimiento anímico o corporal tendiente a un objeto que existió (y, traductores, traduzcan lo más literalmente que puedan el sentido transmitido por la conjugación) y que en el presente ya no lo hace.
Como los señores también exigen ejemplos, y los brindan, hasta mi hartazgo y, tengo fé (sí, de la que execran), en que más gente se harta. El caso paradigmático (sí, hola, Kuhn, ¿qué tal la muerte? ¿no falsaste el óbito?) será:
"Lloró cuando notó que no podría volver al lugar que no existía más."
domingo, 21 de marzo de 2010
viernes, 19 de marzo de 2010
jueves, 18 de marzo de 2010
para que lo analices,
y porque escribir puede que sea mi manera de ver desde afuera el lado de adentro de la piel que tengo,
ya que preguntaste.
Escrito en el viaje.
Dividió mentalmente el vaso en tres partes iguales, y cargó una de hielo; estaba decidido a volver a intentarlo, y para eso necesitaba un ritual. Eligió la botella de vodka de la que se serviría una medida, avanzaba. Agarró sonriente la de licor de durazno que tanto le gustaba, y la inclinó al borde del vaso hasta completarlo. Después de agregar unas pocas gotas de limón y observar trinfante su trago transparente en el que el hielo había escalado hasta el tope, tomó el teléfono y marcó un número que no le costó trabajo recordar, mientras caminaba hacia le heladera en la que encontraría las cerezas recién compradas.
En el momento en que el tono dio paso al golpeteo de un teléfono que se descuelga, y éste al silencio, apretó el puño con la fuerza del miedo y dijo, con la miseria a flor de voz, "Sea quiensea que sea de ustedes dos, soy yo, Sebastián, su hijo, ¿todavía caminan?" Terminada la presentación que no era estrictamente una presentación, dejó caer en el vaso la cereza que traspasó la capa de hielo.
Muy rápido, él cortó. Su vida conservaría la frescura y el sabor de lo que él bebería sin pena en el lapso de unos minutos. Que sus padres no dejaran de ser la ilusión que eran desde hacía más de veinte años había dejado de ser un impedimento en su calendario. Los reproches provenientes de ellos, fieles a la tradicional mala predisposición que mantenía separada a la familia, habían comenzado antes de que el único ingrediente de color intenso en su trago llegara al fondo del vaso.
domingo, 14 de marzo de 2010
jueves, 11 de marzo de 2010
martes, 9 de marzo de 2010
con la soga al cuello"
(Marcelo Dughetti)
Las instrucciones no podían ser más transparentes. "Tomar la línea por uno de sus extremos y bordear el objeto capaz de sostener su peso sumado al del pataleo, peso feroz si los hay. Luego, en el extremo que acaba de utilizar, girar hacia arriba, como si invirtiera el paso anterior, pero sin llegar a tanto, deténgase a centímetros de cruzar ese delgado trazo del arrepentimiento. Una vez ahí, notará, haciendo uso de su imaginación, que usted tiene algo que simula ser tres trozos, pero que aún conserva la unidad, lo que puede ahuyentarlo por su semejanza con ciertas supersticiones. Rodee con la punta elevada el resto de su creación, para abrazar posteriormente, y en descenso, todo ese colgajo suicida que queda a un lado de la cuerda madre, procurando dejar un huequito por donde introducirá esa punta cuando por fin haya alcanzado ese fondo de su soga y su vida con tanta paciencia perseguido. Cuando menos se lo esperaba, usted ha fabricado, sin más, una horca, que, pese a no ser descartable, bien podría serlo, dado que usted no la usará dos veces".
-¡Qué simpático el técnico que redactó esto! -dijo entre sonrisas de alegre resignación, y se alejó a escribir la carta en la que aseguraba que a partir de ese momento no dejaría tareas inconclusas.
Si no es mucha molestia, en éste enlace hay una especie de contenido paralelo que puede resultarle de interés, y no aburre demasiado, o sea, no es un artículo mal redactado de un diario de cuarta.
sábado, 6 de marzo de 2010
Hubo el que dijo: "Todo esto, como una lagartija en el aire con la membrana que va de pata a pata estirada cual lombriz seca en un palito, con el mundo volando abajo de ella".
Contestaron varios: "¡Oh!"
Otro vino y pataleó: "Es posible, el amor es posible. Cualquiera es pistolero cuando le tocan la familia, cualquiera es su propio psicólogo o científico prominente. No se me ocurre otro amor" -y se le pusieron los dedos de punta para que lo cargaran de anillos de desprecio.
Muchos: "Reciba nuestros anillos, y métase a nuestros libros como ejemplo de cobardía, en el diccionario preñado". Puse uno de los veinte y más. "Hay otro, usted se queda corto". Chán, chán.
El tercero, con un talón de Aquiles adentro del costillar: "Hay en la vida algunos que se despiertan como si a la suya la hubieran alquilado. ¿Conocen al inquilino promedio? No quiere mejorar nada de la casa sin que le paguen. Se inclina ante la ruina para no alabar el sol de la reforma. Nunca se lo vio moldeando su presente como si fuera de plastilina hermosa."
El coro, que cantaba atrás del jarrón de la mesa, y coqueteaba con el silencio a cambio de dos profundidades: "¡Bienvenidos, entendedores!"
Caída la noche, todos los viajeros naufragaron. Llegan sus gritos a mí cada vez que hay una gotera.
viernes, 5 de marzo de 2010
jueves, 4 de marzo de 2010
Walther von der Vogelweide (minnesinger, 1170-1230)
¿Soñé mi vida o fue un sueño?
PD: creo que conocía ya de dónde venía eso que creía mío. Había visitado antes, hace bastante tiempo, éste blog. Sin embargo, lo escribí después de leer éste otro poema, posiblemente una traducción distinta del mismo original de Walther von der Vogelweide. Soy un ladrón. Hasta me llevé una coma.
martes, 2 de marzo de 2010
domingo, 28 de febrero de 2010
jueves, 25 de febrero de 2010
martes, 23 de febrero de 2010
pero,
con la gran intención de hacer algo hermoso que lo adorne si tal cosa se puede.
1.
Mi frustración se elevó tanto en medio de la alegría, que dejó petiso a Dios. Lo miraba con los ojos caídos y sin boca para poder explicarlo con palabras y parece ser que Él entendió, aunque, imaignemos juntos, qué habrá estado pensando... una divina indignación, sacrosantas intenciones de hacer tartamudear un cuerpo entero y no poder hacerlo. Mi frustración, habituada a los simulacros patéticos, que nadaba seca y con su cerebro en el perchero del perro, dejaba ver en el pupo u ombligo el deseo de morir, por un lado, y la incapacidad de nacer siquiera, mísera, por el otor. "Yo soy el gallo y la gallina bailándose sobre el pasto del jardín, soy el huevo que atrás de la cáscara guarda la chispa de la vida, soy el lugar físico disfuncional donde el mundo y el milagro deberían prenderse, como una pared y una enredadera (tengo una enredadera en cada patio y las paredes se me cayeron todas encima)". No puedo usar líneas de diálogo: me encanta sobre todo escucharte y sin la voz no quiero ni una mayúscula, además, mi frustración no tneía boca y nadie dijo que supiera escribir. Va a ser una voz en off la que siempre me narre a mí mismo cuando piense en la pena que motivé sin llegar a nacer, por no haber llegado a nacer.
2.
Saber claramente que algo se irá es como acolcharle la jaula en la que se lo contempla, para que se sienta más a gusto, y ayudarle a elegir mil opciones además de otras mil para que decida dónde continuar su belleza.
3.
No son lágrimas de dolor, es líquido del alma a la vista por aquello que es común, y no por ordinariamente repetido, sino justamente a causa deque se comparte.
4.
Fragmento de "La belleza del mundo", novela escrita por Héctor Tizón:
-¿Cómo has aprendido todo eso?
Él se encoge de hombros.
-No lo sé... Digo, siempre lo he sabido. Todo lo que yo quería aprender no lo podía aprender en la escuela. Siempre, para aprender algo, tuve que arreglarme solo. -Y agregó, aunque con otras palabras, que entre las abejas, como entre los hombres, predominan las solitarias... Para algunos, la soledad no es un accidente, ni una consecuencia de nada, sino una manera de ser.
4.1
Las negritas no forman parte del arsenal estilístico de Tizón. Quería aclarar que justo esa parte aparecía en la página de tu edad.
5.
Mi intención no es, con unas tijeras, largas, cortar las plumas de pájaros que todavía vuelan, allá, a la altura en la que el mundo empieza a llamarse cielo. Por el contrario, deseo que la tiranía de la gravedad equivoque un punto en sus agujas y deje de tejernos tan lejos durante la mayor parte del tiempo. Igual que los dedos de un infante sacando la mano por el buzón de la puerta verde, las manos de una lágrima mía se asoman por mi párpado inferiro y trepan hasta asomarse por uno de mis ojos, ella descansa y crece en ese lugar, y, finalmente, fiel al nomadismo, escapa de su vida mismísima para morir, con suerte, en una comisura de labios que dicen que te quieren.
6.
No, los recuerdos no van a la memoria exclusivamente a quedarse ahí como fotografías que se almacenan sin sentido en algún cajón que empieza a perder el barniz a medida que se llena de ocsas inútiles. A veces algo pasa, y la memoria de eso cae encima nuestro como un pájaro que tiran desde la terraza de un edificio justo después de cortarle las alas y que agita sus miembros fantasma esperando así salvarse. Eso también es un recuerdo, o cabe una posibilidad de que así sea; carne que se muere, carne que salpica chorros de carne al chocar con el durísimo presente al que, con tu permiso, paso a bautizar como El Gran Mutilador.