jueves, 7 de enero de 2010

¿Qué será de mí, acostado?
(Lisandro Aristimuño)

Si no usás nada de mis sábanas, toda la cama para mí.

martes, 5 de enero de 2010

la trichera de esta guerra es de papel. es un libro que no escribí. es un libro que no voy a escribir. esta guerra tiene tricheras de papel. soy un soldado que no ve más allá del papel. ¿los demás soldados ven más allá del papel? ¿puedo esconderme atrás del papel en esta guerra? ¿me voy a morir? ¿qué es un soldado?

lunes, 4 de enero de 2010

Pido un kit de supervivencia o tregua filosófica llamada reducción de la libertad: ejercicio del encierro placentero: supresión del yo: entrega al devenir en momentos en que conviene.
¿Conviene? Si la única opción, sentido de la corriente, sentido mucho, lo siento desde afuera o desde un adentro que casi nunca conocí, si esa opción es la que me desborda, empujo las orillas a un lado y agrando mi cauce: felicidad de agua: todo se evapora: soy un río.
Nado adentro mío y me puedo ahogar, pero no. Nunca me ahogo. Me hundo por horas, me drogo, y salgo a flote. Locura alada, mi locura, dice Bataille, y se levanta.
Red, no me presentes nuevos aires que no sé respirar. Acepto remoción de aire, asifixia -de nuevo-, que otro lo/la use -de nuevo, he dicho. ¿Pero por qué no? Afuera soy un fantasma y acá parezco otra cosa. Acá yo no me veo. Los ojos se me dan vuelta y tengo recuerdos -del aire que acepto que la red me quite, por ejemplo; también me acuerdo de lo que no pasó, y bien podría tener tintes de mayor alcance. Tintas que escriban otro papel, un poema con alas como la locura del francés, jeringas que se/me/se me claven en otra carne en la que otra jeringa clavó un alma, que existe porque existe -fundamento suficiente para abrazarla junto al cuerpo abrazado. Tienen calor, yo tengo frío: fiebre ahí, bordeando los huesos: sostenes helados de mi rutina: tengo que padecer de amores porque la calma es otra cosa. Yo me perdí enero en un juego/prueba de alienación: no voy a saber qué pasa con lo que yo haga, ni me interesa, ni la paga que reciba como compensación del calor que desperdicie sobre una silla muy cómoda, tengo fiebre. La calma se fue de vacaciones, en enero, cuando yo me encerré sin placer, suprimí el yo más que al principio de ésto, y me condené a un devenir que termina en un pueblito de las sierras de Córdoba, leyendo al costado del río, que no soy yo, por donde pasaron autos que mataron a una persona y dejaron varios heridos. En Alpa Corral tiene que estar contenido el descanso. Quiero poder dormir sin atenuantes de la vida.

domingo, 3 de enero de 2010

what makes eyes shine's
what eyes can make

sábado, 2 de enero de 2010

...entonces te lo dedico
tengo angustia literaria de domingo al atardecer
resentimiento de lunes a la madrugada
resignación de almuerzo frío de martes de verano
incertidumbre de miércoles sin el teléfono de nadie
ansiedad de jueves, cuando ya la catástrofe tocó varias veces el timbre de casa
y frenesí de viernes de escape en inauguración de burdel

lástima que sea sábado

viernes, 1 de enero de 2010

Me enojo porque tu olor queda demasiado lejos de mi nariz.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Tan enamorados. Ni bien se veían, corrían uno hacia el otro a una velocidad que impresionaba. Cuando estaban a pocos metros frenaban de repente, y sus piernas, como tizas, se iban gastando, gastando... Para el tercer mes de la relación, cada uno había perdido la mitad de su estatura.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Todos lo veían, no por tener la intención de verlo, sino porque estaba a la vista, y todos abrían los ojos de vez en cuando entre cada jornada de parpados cosidos. Se preguntaban si siempre se habría comportado bien, y en este caso intentaba portarse mal, o si siempre lo había hecho mal, y tenía miedo de que su rutina sufriera cambios.
Hasta donde sé, mucho no le importaba ser visto. Podría preguntarle, pero eso te dejaría sin posibilidades de preguntarle sin que se irrite por contarlo todo más de una vez, es tan irascible, somos tan distintos...

domingo, 20 de diciembre de 2009

Ganar la apuesta, ese lugar tan preciado por los puños ávidos de letras g mayúsculas al por mayor, quedaba a un costado y al otro del rincón, siempre con la pared negándose a darle la mano a la espalda.
"Lo haremos", pensaban todos, y caían de sus narices arrepentimientos (no era la primera vez) y ansiedades (ya había sido la primera vez alguna vez y ellos dale que dale, repetían).
El perro era lo único de la escena que no merecía ocupar espacio en la narración, todos sabemos que no entienden de metafísica y que nunca van a tener catástrofes judeocristianas ni mesías, salvo que los nombren así, ni mucho menos prestarle atención a algo que no sea una meada, pero, ay, de esa noche: los gatos se transformaron. Sería tan hermoso hablar de ellos, que hasta podría desplazar el centro de atención localizado en mi familia y ponerlo con pinzas al rojo vivo sobre la piel tan digna de los que comen ratas. No, la sagrada familia ahí estaba, dispuesta para mí.
"Quiero mi vaso", gritó un tío, el que nunca podía usar las cosas de los otros, a lo que mamá contestó "te lo hubieras traído, hoy te morís de sed en el viaje de regreso o, si no, nos arruinás la fiesta, y creo que sabés lo mal que nos harías si no te morís; traer tu vaso era cosa tuya". Asintió él. Algo pasó en sus manos.
"¿Cundo empiez l fiest en ést fiest?", preguntó un primito, seis años y meses de sobrevida, con parte del alfabeto caído al igual que algunos de sus dientes frontales. Sus padres, más tíos, eran pretenciosos y creían que si le enseñaban a expresarse con menos letras él podría cambiar el mundo, moverlo hacia la izquierda astronómicamente, y que no se saldría de órbita. Papá siempre les dijo que no se les ocurriera intentar, o él mismo iba a volver todo como estaba, para salvarnos del incendio de conciencias. Al nene nadie le prestó atención, y bien que hicieron. Les caía tan mal a todos, encima, ¡tan feo!, por cada diente que se le caía le crecían las clavículas más aterrorizantes. Quedaban en el pesebre solamente cuadrúpedos dispuestos a estrecharle un abrazo.
Llegó la comida con una sonrisa en el repulgue, y todos (los que podíamos usar cualquier vaso y el que se sacrificaría por el bien de todos los que podíamos t...) brindamos (uno como pudo, los demás a la manera corriente). Comeríamos convencidos de que los molares, esa noche, funcionarían de maravilla porque alguien desaparecería para que los festejos pudieran seguir para siempre. Era el enviado que por siglos y siglos habíamos estado esperando, y estaba dispuesto. Entonces apostamos. Queríamos saber quién era capaz de predecir por azar los cambios en el cielo. Luego de establecer posiciones, el dinero nos representaría durante todo el tiempo que durara la espera.
no vayas a tropezar con algún recuerdo mío y caerte de mi nuca, eh...

martes, 15 de diciembre de 2009

cuando todos los poetas de la historia no son
sino apenas una lista interminable que no alcanza para nada
y todas las personas no poetas vivas y muertas
se vuelven por mi culpa o no un balde sin fondo que me tiene en el fondo
mirando hacia arriba
es cuando de verdad desearía convertirme en una piedra
que no sienta o sí sienta
que por lo menos sepa no esperar nada
o volverme un imbécil perfecto capaz de funcionar
sin que hasta la impresora me demuestre el asco que me siente
haciendo su mejor intento por electrocutarme
y cada cosa de la misma forma o de otra y con cualquier nombre haga lo mismo

viernes, 11 de diciembre de 2009

y dejar de lado la vereda de la puerta de atrás*

y que te acaricie con fuerza un camión
o te raspe la sien algún proyectil
te cuente un secreto un cuchillo que ábretesesamo en tu vientre
etcétera

como una regadera que la hierba hace que vuelva a brotar
y ahora todo es campo ya

*los versos en cursiva pertenece a La vereda de la puerta de atrás, de Extremoduro
Mucho no importa:
Juramos nosotros con
Las iniciales del nombre/

que niega
la huella.

Al principio,
después nada

¡Krishnamurti, Krishnamurti!
Cae el telón
hasta la mitad.

Alguien todavía se asoma,
ya vendrá el tiempo de los aplausos
y los actores se quebrarán al medio
para devolver la ofensa.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Peste dura clavada en la pared
enfermando tu chau a mí.
Eso imagino con los pies bien puestos sobre la cabeza.
Mi tierra se quedó en las vacaciones,
en un lugar inundado, en un campamento en contra del cuerpo.
Ahora te sos sin referencia a mí,
y debe ser eso lo que mejora mi letra,
con algo se tenían que desquitar las manos
con las que me agarro la cara
y me trazo países en los labios para que los nervios coman de a poco,
para que aprovechen cada rincón,
para no comermme entero en una sola mañana como la de hoy,
que de pensarte nada más ya me quedan pocos.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Quiero un gato, la rama a la que le sacarías una foto, lo que hay adentro del marco de una puerta y una copia de esto, menos la puerta. Con todo eso dando vueltas, música, quiero un globo gigante que tenga un hueco para entrar y uno para desinflarse. Entrar y que todo se vaya haciendo más chiquito para siempre.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Me veo en el whisky, en una botella de la cual se puede sacar todo pero a la cual es imposible rellenar sin destruirle la boca. Me sirvo en un vaso y me trago.

viernes, 4 de diciembre de 2009

ni te cuento el dolor que sentí cuando me enteré
de que la grandeza había pasado por el cielo como un arado
y a mí me sembraron donde nunca hubo surcos, encima
lejos de todas las piernas hasta mías

jueves, 3 de diciembre de 2009

estás relativamente distinta,
como si ya no te brillara
la probóscide

martes, 1 de diciembre de 2009

Busco algo, palabra o no, de lo que no me quiera deshacer tan rápido, tener contra el puño un granito de arena -piedra vieja maltratada por los charcos sucios- con la que decirte.

jueves, 26 de noviembre de 2009

El pelo de mi imaginación
sube a tu cuerpo, corazón, esta idea
es la lengua que te moja, es la órbita
de las pestañas
que protegen alguna pausa para los ojos
o para lo que ves, parada en tu horario, es también
mis vocales que te llegan consonantes, porque abro tan poco la boca
solamente para vos, parado en mi vestuario, en mi rincón,
salpicándome las órbitas, mojadas por tu lengua
salida de una idea, vaya locura del buen gusto
y caricias alejadas y te quiero aparecé devolveme las pausas, gracias,
todo esto es tan raro, tan raro como aliviador.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Poder: si no me gusta la forma de tus labios, te cortás un dedo y me lo dejás por abajo de la puerta.

martes, 3 de noviembre de 2009

¡! ¿Sabés qué es lo peor? Que pensarte todo el tiempo, haciendo llegar tarde el parpadeo de día o quitándole los caramelos de la boca de la noche de cada día de la semana de la escalera del año a los sueños, burlándome de una pesadilla en la que se muere mi hermana -nunca pude olvidar eso, es más, después, mucho tiempo después, no tengo idea cuánto, soñé con que me llamaba por teléfono y hablábamos yo llorando y ella con una voz preciosa, aunque muerta-, en fin, dejando de lado todos y cada uno de los rincones mirando el rincón que me ofrece el universo y la perversión del pañuelo que lleva siempre colgando del cuello justo encima de la piel reseca de teorías, estoy demasiado cerca de volverme loco.

¡! Si mañana te viera adelante mío y con el piso abajo de los pies, no tendría manera de distinguirte. ¿Se te ocurre que me tocarías? ¿Y cómo sé yo que el tacto no puede alucinar? ¿Que un vecino me diría que por primera vez tiene ganas de saludarme, y que no le caen mal mis altibajos emocionales, siempre seguidos, siempre, de algún exabrupto, no vale la pena aclararlo? Puede ser la imaginación del oído, un mensaje que quiero que llegue y nunca llega, y desde al lado de mi casa sacuden bolsas llenas de no sé qué cosa será eso desagradable que inunda el patio desde el que miro el cielo a ver si alguna vez se te ocurre caer justo cuando tengo listos los palos frágiles que me salen de los hombros y de donde crecen uñas todo el tiempo y tengo miedo de que sean tan pesadas que me hagan caer y me lastimen más que. Con todos los sentidos lo mismo.

¡! Ni siquiera puedo saber si tengo miedo de volverme loco o ya me volví loco y el miedo es a otra cosa, o a notar cómo estoy ahora. ¿Por qué escribo, sos capaz de decirme por qué escribo?

viernes, 30 de octubre de 2009

Yo no tengo luna. Atrás de mi luna hay un caballo que cabalga sin patas y fecunda sin tomar hembra. Su nombre no se puede escribir, por más alfabético que sea el olor (no me animo a dibujar la letra del olor). Tampoco tengo sol, pero los rayos calientan al revés todas mis plantas, mis insectos suyos. Soy como ellos: verde, verde, con ala y ala, sin esqueleto y con ideas.
Vuelo alrededor del caballo. Vuelvo cabalgando su llegua.

martes, 27 de octubre de 2009

El mundo conspira contra los enamoradizos que conspiran contra el mundo.

domingo, 25 de octubre de 2009

hay varias clases de tristeza

una es ganar un premio
y después no animarme a mirarte
 

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